sábado, 16 de julio de 2016

El Casco del minero: Entre lo mágico y lo real

Era tarde, pese al cansancio los ojos estaban abiertos y a lo lejos, desde el interior de un bus, cuyo beneficio era estar en primera fila, se observaba una inmensa estructura que llamaba la atención.

Era un hermoso casco de minero que brillaba desde su estructura interior. Mientras el bus avanzaba sin reparo, se pudo divisar de a poco esa imagen angelical de la Virgen del Socavón que nos daba la bienvenida al llegar a una región singular, la Alta Tierra de los Urus.

Pero no solo eso, la mezcla del agotamiento con la emoción hizo que el trance se apodere del alma y cual una película de Hollywood se observaba el movimiento de horribles plagas que invadían sin desdén un pueblo unido y humilde, con base en los valores y el amor.

Eran los Urus que clamaban al firmamento ayuda para ser liberados de una enorme víbora que apareció del Sur, un sapo imponente del Norte, un ejército de hormigas del Sur y Oeste, y un espeluznante lagarto del Este.

De pronto, una bella doncella con su sable e iluminando el camino con un cirio apareció desde el cielo y liberó al pueblo Uru de tamaña catástrofe. El semidiós Huari vencido huyó despavorido para ocultarse en los socavones de esta tierra.

Todo aquel panorama desapareció en cuestión de segundos, cuando del más profundo silencio se escuchó: "¡última parada el casco!"

Era cierto, se había llegado a la rotonda de esa remozada escena de simbiosis entre lo mágico y lo real, fantasioso y misterioso legado de la ínclita Alta Tierra de los Urus.


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