sábado, 2 de abril de 2016

Gilberto Rojas y su legado inmortal



El prolífico autor orureño, como ningún otro, dedicó una pieza a cada departamento de Bolivia. Además, formó a diferentes generaciones de músicos que ahora interpretan sus composiciones. Se considera a este virtuoso compositor como el verdadero embajador de la música boliviana en el exterior.

Quién no ha cantado alguna vez la cueca “Flor de Chuquisaca”, considerada como el segundo himno del departamento que alberga a la Ciudad Blanca de América, quién no conoce “Potosí de mi amor”, la que fue escrita en homenaje a la Villa Imperial de Carlos V?

Dos bellas canciones de las más de 400 que dejó como legado el profesor y compositor orureño Gilberto Rojas Enríquez, de quien el 21 de marzo se conmemoraron 33 años de fallecimiento y el 10 de febrero el centenario de su nacimiento.

Una dedicatoria especial
“Flor de Chuquisaca” fue dedicada a los estudiantes de la antigua Escuela Normal de Maestros de Sucre. Como prueba de ello, así se presenta a esta cueca inolvidable en la partitura original publicada en la obra “Gilberto de Bolivia. Semblanza artística, sentimental y humana de un compositor”.

“Esta emblemática y señorial composición nacional es considerada como el segundo himno de Chuquisaca, por ello esta cueca debería ser declarada como ‘Patrimonio Musical’ del departamento, ya que es escuchada en diferentes partes del mundo”, opina el historiador y coordinador de la carrera de Historia de la Universidad San Francisco Xavier, Guillermo Calvo.

Una obra prolífica
Las primeras composiciones de Rojas nacen en 1937 y titulan “A mi madre” y “Dios te guarde madrecita”. Posteriormente el artista siguió componiendo hasta dejar un legado de más de 400 temas musicales de diferentes géneros, entre los que destacan taquiraris, cuecas, wayñus, carnavales y diabladas.

El prolífico autor, como ningún otro, dedicó una pieza a cada departamento de Bolivia. Además, formó a diferentes generaciones de músicos que ahora interpretan sus composiciones. Se considera a este virtuoso orureño como el verdadero embajador de la música boliviana en el exterior, apunta Calvo.

El historiador comenta a ECOS que Gilberto Rojas tenía una forma muy peculiar de iniciar sus actuaciones en escenarios nacionales o del exterior del país. Comenzaba diciendo así: En Bolivia, mi tierra que me vio nacer / en Bolivia, mi tierra aprendí a querer / dejaré muchas flores de la inspiración / aquellas mis canciones y mi corazón…

Estudios y carrera
De acuerdo con la información proporcionada por Calvo, este eximio compositor estudió la secundaria en el Instituto Americano de La Paz.
En 1927 comenzó sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música, bajo la tutela del músico y folclorólogo Antonio Gonzales Bravo. Asimismo fueron sus maestros: Manuel Sagárnaga, Claudia Acosta y Guillermina Dalence, entre otros que lograron que Rojas llegase a tocar el piano casi a la perfección.

A los 16 años partió a la Guerra del Chaco, se incorporó al Regimiento Vanguardia 24 de Infantería y participó en la toma del Fortín Corrales y la Batalla del Fortín Toledo. Fue declarado “Benemérito de la Patria”.

A fines de la década del 40 del siglo XX, difundió sus creaciones actuando en radios de las principales ciudades del país, además de teatros y salones de familias amigas. A la par, trabajó como corrector de pruebas en el periódico El Diario de La Paz, y como profesor de música en el Instituto Americano y otros establecimientos.

En 1945 obtuvo el primer premio en el Concurso de Música Boliviana, convocado por la Alcaldía de La Paz, con el taquirari “Negrita”.
Toda su producción se grabó en disco en el sello “Odeón”, de Buenos Aires, y “Méndez” de Bolivia.

Homenajes
En 1998, en el Teatro Municipal de La Paz, se le dedicó un concierto de homenaje con la interpretación de sus obras, que posteriormente circularon en un CD con el título “Homenaje a Gilberto Rojas”.

De igual forma, en conmemoración del centenario de su nacimiento, artistas de diferentes departamentos del país interpretaron 25 canciones célebres del maestro y compositor orureño, el 9 y 10 de febrero de este año, en el Teatro Municipal “Alberto Saavedra Pérez”.

La Sinfónica de Oruro también le rindió un merecido tributo a uno de los músicos, compositores y educadores más importantes de la historia de ese departamento.

El Diccionario Histórico de Bolivia, editado por el Grupo de Estudios Históricos y dirigido por el doctor Josep María Barnadas (+) bajo la colaboración de Guillermo Calvo y Juan Ticlla Siles (2002), contiene el artículo “Gilberto Rojas Enríquez (Oruro, 1916 – La Paz, 1983)”.

SUS CANCIONES MÁS CONOCIDAS

Estas son algunas de las canciones más conocidas de Gilberto Rojas:
Dios te guarde madrecita (1937)
Viborita chis chis chis (taquirari, 1953)
A Uyuni (huayño, 1956)
Potosí de mi amor
Viva Santa Cruz (taquirari, 1959)
Flor de Chuquisaca (cueca, 1960)
Prenda querida (polca)
Viva Cochabamba (huayño)
Flor de Santa Cruz (carnaval)
Negrita (taquirari)
Luna chapaca (taquirari)
Ojos azules
Cunumicita (letra)
Claveles rojos
La Paz inolvidable
K’ochalita


Flor de Chuquisaca (cueca)

Flor de Chuquisaca,
Me voy de tu lado,
Me voy llorando porque te dejo
Mi pobre corazón. (bis)

Si pudiera hablarte
El buen Churuquella,
Te contaría lo que he sufrido,
Por conquistar tu amor. (bis)

Adiós mi amor,
Adiós mi adorada flor,
Con el perfume de tu cariño
He de sobrevivir. (bis)

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