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domingo, 10 de febrero de 2013

Jacinto Rodríguez y Sebastián Pagador, líderes de la Revolución de Oruro

La revolución de Oruro del 10 de Febrero de 1781 tuvo dos líderes indiscutibles, Jacinto Rodríguez y Sebastián Pagador, el primero considerado el cerebro y el segundo como el ejecutor del plan que fue premeditado con anticipación, para proclamar la libertad de la corona española.

Jacinto Rodríguez era dueño de las principales minas que existían en los cerros de Oruro, mientras que Sebastián Pagador era sargento de la Policía que tenían los españoles. Ambos se conocían perfectamente, porque mucho antes, Pagador era empleado de Rodríguez.

Las reuniones secretas se realizaron en la casa de Rodríguez, antes de la revolución. Pagador, por su calidad de policía, tuvo la osadía de transmitir las preocupaciones de los “criollos” (nacidos en Oruro), el 9 de febrero y lanzar la histórica proclama que hoy reconocen todos los historiadores que se preocuparon de investigar aquel hecho.

“No estimemos en nada nuestras vidas y sacrifiquémoslas en defensa de la Patria”, afirmó Pagador, en el tumulto que se reunió rápidamente en la plaza de armas, hoy denominada plaza 10 de Febrero, para rendirle homenaje a ese hecho.

El mismo día, fue depuesto de su cargo el español Ramón Urrutia, que entonces fungía el cargo de Corregidor y Justicia Mayor de la Villa de San Felipe de Austria. El 10 de Febrero, Rodríguez ingresó en hombros a ese edificio, se derribaron los escudos y estandartes de los españoles y se proclamó la libertad.

Jacinto Rodríguez planificó la revolución y eligió la fecha, porque días después se debía realizar el Carnaval de Oruro. Logró traer indígenas de Paria, les pagó “20 reales para que compraran chicha” y les ordenó que fueran “a las iglesias a sacar y matar a los chapetones”, que se habían refugiado en esos sitios.

El tumulto fue increíble, debido a que quemaron casas de los españoles, ingresaron a las iglesias y los españoles que encontraron fueron golpeados y victimados. Otros lograron escapar junto con Urrutia, y después éstos planificaron su retorno con un nuevo ejército, para detener a los cabecillas de la revolución y para enjuiciarlos. El escarmiento fue duro. No se midió ni siquiera la condición de mujer de María Quiróz ni de Francisca Orozco, que después de ser golpeadas y torturadas, murieron en la cárcel.

Rodríguez fue elegido cinco veces como Alcalde Ordinario y era querido por el pueblo, junto a su hermano Juan de Dios Rodríguez. El 17 de junio de 1793 murió en la prisión de Buenos Aires, luego de un largo y prolongado proceso, donde testigos y acusadores, lo consideraron como el principal instigador y promotor de la revolución del 10 de Febrero.

La detención de los cabecillas de la revolución, del 10 de Febrero de 1781, ocurrió tres años después. Jacinto y Juan de Dios Rodríguez, Clemente Menacho, Diego Flores, Manuel Herrera, Nicolás Iriarte, Miguel Portilla y Josep Azurduy fueron apresados y trasladados a Potosí, primero, trasladados en mulas y a pie.

Clemente Menacho era Capitán de Milicias y en su calidad de autoridad tuvo que dormir en la cárcel de Buenos Aires, sin catre, en el suelo y en una celda más húmeda. También fue torturada su esposa, María Quiroz, que murió como consecuencia de los golpes y de un tumor en el seno. Nadie quiso tratarla ni se permitió el acceso a un médico.

María Quiroz tenía catre, pero no tenía colchón, y tuvo que pernoctar en esas condiciones, hasta su muerte.

El fray Josef de Echevarría, explicó años después, que las elecciones “disgustaron a los Rodríguez y a consecuencia de los sentimientos de éstos y desavenido el corregidor Ramón Urrutia con las injusticias que les notaba, expresó un día que, para quitar tales inconvenientes, debería ahorcarlos”.

La decisión llegó a oídos de Rodríguez, quien preparó la revolución; y Pagador, con su formación militar, transmitió el plan que tenían los españoles para ahorcarlos.

La revolución del 10 de Febrero se consumó, pero al día siguiente, en su intención de cuidar las arcas reales, Sebastián Pagador, murió a golpes propinados por los mismos indígenas que habían llegado a la ciudad, para respaldar las acciones de la gente citadina. Inicialmente, por orden de Jacinto Rodríguez, Pagador fue detenido, por haber provocado a los indígenas, y éstos, lo escarmentaron hasta darle muerte.

Existen coincidencias en los relatos, entre los historiadores Fernando Cajías de la Vega, en su libro Sublevación de Indios y Rebelión Criolla, y Adolfo Mier, en su libro, Noticia y Proceso de la Villa de San Felipe de Austria, la Real de Oruro, de 1906.

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